sábado, 24 de agosto de 2013

Heidelberg



Hoy dejamos la Selva Negra para visitar Heidelberg, última parada de nuestro viaje. Salimos sobre las 10 y tardamos casi 2 horas. Alemania entera está en obras y hay tramos de autovía en que hay que ir a 60km/h. Hoy incluso nos ha pillado un tramo en el que hemos estado parados un buen rato. Por fin, llegamos a Heidelberg, pero tenemos otro problema. Nuestro hotel está en la calle principal y es peatonal, por lo que no podemos llegar con el coche y nos cuesta casi una hora dando vueltas y ponernos de bastante mala leche hasta que nos decidimos a aparcarlo en un parking cercano. Cogemos todos nuestros bártulos y recorremos Hauptstrasse atestada de gente y con un sol de justicia, hasta que llegamos a nuestro hotel, The Dubliner, recomendado por algunos foreros. El bar de abajo hace las veces de recepción, hacemos el check-in y nos acompaña una chica hasta nuestra habitación. La entrada y la escalera son bastante tétricas, pero la habitación no está mal: pequeñita pero limpia, y un día se pasa donde sea.

Nos refrescamos y bajamos dispuestos a conocer la ciudad. Vamos al puente más famoso, el puente de Carl Theodor, hacemos unas fotos y comenzamos la subida hacia el castillo. Compramos algo de comer por el camino.
La visita al interior del castillo no está mal, también incluye la entrada al museo de la farmacia, que es curioso, pero desde mi punto de vista no es imprescindible. Lo mejor son las vistas de la ciudad y se disfrutan desde fuera. Después de hacer unas fotos y descansar un poco, emprendemos la bajada. Damos una vuelta por las tiendas de la Hauptstrasse, es la calle principal, muy larga y comercial, sólo hay tiendas y bares.

Cruzamos al otro lado del río para dar un paseo por el Phylosophenweg. Nos asomamos a la calle por la que se llega y vemos que está empinada, por lo que decidimos hacer un break en una heladería y reponer fuerzas. Después de tomarnos sendos helados, nos encontramos con más ganas de emprender el ascenso.
Es un paseo muy bonito, tranquilo y las vistas de la ciudad, el río y el castillo son preciosas. Tomamos un montón de fotos y sudamos la gota gorda, dicho sea de paso. Pensábamos pasar frío en Alemania, nos habíamos traído los forros polares, y lo que estamos pasando es un calor tremendo. También es cierto que todos los días nos ha hecho sol y muy buen tiempo.
El Phylosophenweg termina en el puente. Lo cruzamos y volvemos al hotel a ducharnos y descansar.

El río Neckar a su paso por Heidelberg



Sobre las 9 bajamos a cenar. Nos han recomendado el Alt Heidelberg Brauhaus, en la calle que lleva al puente. En cuanto se queda una mesa libre, nos sentamos. Menos mal que la carta está también en inglés… y aun así nos cuesta decidirnos. Finalmente, pedimos 2 cervezas (en este sitio parece que son de elaboración propia), una ensalada y un codillo, no queremos irnos de Alemania sin probarlo. Todo está muy muy rico, pero los platos son bastantes grandes, sobre todo la ensalada, que yo diría que es para 4 personas por lo menos. El codillo lo sirven con chucrut, mostaza y una bola cocida que no sabemos muy bien que lleva pero que juntándolo todo está de muerte. Ha sido una cena perfecta para nuestra última noche. Bajamos rodando hacia el puente, muy bonito de noche, y volvemos dando un paseo hacia nuestro hotel.


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Heidelberg
 


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