sábado, 23 de agosto de 2014

Lecturas veraniegas



Me encanta leer en verano. Bueno, me encanta leer en cualquier época del año, pero en verano, ya sea porque tenemos más tiempo libre, más horas de luz, o por otros motivos desconocidos, yo multiplico mi ritmo de lectura por 3. Esos ratitos en la playa, al atardecer, cuando el sol ya no pica y la brisa empieza a venir fresquita, son los mejores. Y a falta de playa, la piscina tampoco es un mal sitio para pasar un buen rato disfrutando de un libro.

Este verano he leído historias interesantes, o a mí por lo menos me lo han parecido, y me apetece compartirlas y recomendarlas. Por estricto orden cronológico:

La mirada de los ángeles, de Camila Läckberg. Soy seguidora de esta autora desde La princesa de hielo, el primer libro de la serie, y todos los veranos publican una nueva entrega, así que es un imprescindible. Erica Falck, escritora, y Patrick Hedstrom, policía, son los protagonistas de estas novelas de intriga y asesinatos por resolver que se suceden en Fjalbacka, un pueblecito de Suecia. Esta escritora es una de las principales representantes de la novela policiaca nórdica y sus libros son entretenidos y amenos, si te gusta este género. Valoración:





El inventor de historias, de Marta Rivera de la Cruz. Conocí a esta escritora este invierno, por recomendación de un amigo, y me gustó mucho el primer libro que leí de ella, La vida después. El inventor de historias cuenta la vida de Linus Daff, que siendo joven descubre que tiene un don, la facilidad innata de inventar historias, y poco a poco consigue ganarse la vida gracias a él.  Valoración:





Edén, de Andrés Pascual. Después de quedar prendada de El haiku de las palabras perdidas, he leído todos los libros de este autor, aunque reconozco que ninguno me ha gustado como El haiku. Este verano ha publicado Edén y reconozco que, tanto la portada como el subtítulo de la novela “¿Hasta dónde llegarías para cambiar el mundo?”, me atrajeron desde el principio. El libro cuenta la historia de Mika, una chica que llega a Brasil para probar suerte con una nueva vida, y a su llegada, comienzan a ocurrir cosas inexplicables en las que, casualmente (o no) se irá viendo implicada. Le doy otro 7.






El rayo verde, de Julio Verne. Leyendo cosas sobre la isla de Staffa a la vuelta de nuestro viaje, descubrí que esta pequeña novela de Julio Verne estaba ambientada en Escocia y, una parte de ella, en esta increíble isla. El libro cuenta la historia de una chica que recorre media Escocia con sus tíos en busca del rayo verde, un fenómeno óptico que se produce a veces en la puesta de sol. Cuenta la leyenda que si dos personas lo ven a la vez, quedan automáticamente enamoradas. En la imagen, la ilustración representa la entrada a la cueva de Fingal, en la isla de Staffa. No es que sea una maravilla de libro, pero me gustó porque es cortito y el autor recorre muchos de los lugares que nosotros visitamos. Le doy un 6.



La última noche en Tremore Beach, de Mikel Santiago. A veces, cuándo no sé qué libro empezarme, entro en la web de Fnac y ojeo las novedades. Así descubrí este libro, uno de los best-sellers de este verano, y fue todo un acierto. El protagonista, Peter Harper, es un compositor de éxito que ha perdido la inspiración y decide cambiar de aires yéndose a vivir a una casa apartada de todo en una playa inhóspita al norte de Irlanda. Allí, una noche de tormenta, vivirá un suceso que marcará su vida en adelante. La novela me enganchó desde la página 1, tiene uno de esos comienzos que te sorprende y te deja con ganas de más. Además, me encanta el tema de los sueños y en este libro está muy presente. Valoración: 9

La detective miope, de Rosa Ribas. Elegí esta novela por su título y portada y no me ha defraudado para nada. La detective miope, Irene, basándose en la teoría de que entre tú y cualquier persona del mundo sólo hay seis grados de separación, decide volver a trabajar para investigar cómo murieron su marido y su hija. Es una novela entretenida y un poco loca, de las que te sorprenden al final, como a mí me gusta. Tiene algunos detalles divertidos, incluso que rozan lo absurdo. Para que os hagáis una idea, mirad los títulos de algunos capítulos: La cantante calva, El sobrinísimo, Guayominí o La ordeñadora de arañas. La valoro en un 8.







En tiempo de prodigios, de Marta Rivera de la Cruz. Éste es el que tengo entre manos ahora mismo. De momento, me está gustando. Veremos cómo termina.*


Todavía queda verano. Alguno más caerá.




* Nota 30/08/2014: Terminado En tiempo de prodigios. Una gran recomendación. Historia sobre una chica y un anciano que entablan una bonita amistad compartiendo vivencias. Un poco de historia, amor y desamor, amistad, muerte... Le doy otro 8.

sábado, 16 de agosto de 2014

Desde el lago Ness hacia la isla de Skye



Nos levantamos sobre las 8. A las 8:15 hemos quedado con la casera para desayunar. Nos tiene preparado un plato de fruta, mermeladas caseras que hace ella misma con fruta de su huerto, tostadas, cereales, café y té.

Antes de dejar Nairn, aprovechamos para comprar víveres en un supermercado cercano y llenar el depósito. Tomamos rumbo al LAGO NESS. Después de un rato conduciendo y coger algo de atasco al atravesar Inverness (en este país no se rodean las ciudades o pueblos, se pasa por el centro de todos), empieza a sonar With or without you en nuestro coche y el lago Ness asoma a nuestra izquierda. Los pelos como escarpias. En el primer apartadero que encontramos, paramos. Estamos allí, en el lago Ness. No sé porqué lo había imaginado pequeño… pero es enorme. Seguimos hasta llegar a URQUHART CASTLE. No teníamos pensado visitar el interior, pero no queda más remedio que pagar la entrada si quieres acceder al recinto. Y no nos arrepentimos. Del castillo sólo quedan unas pocas ruinas, pero está en el centro del lago, en un lugar inmejorable, y es un sitio ideal para observarlo. Lo peor es que aquello parece una feria, hay muchísima gente y además, hace mal tiempo. Está nublado y llueve intermitentemente, aunque no hay mal que por bien no venga, ya que una densa niebla comienza a descender al fondo y dejando un paisaje increíble (siempre lo había imaginado con niebla).

Continuamos por la carretera hasta Fort August (la punta sur del lago) para subir un poco por la otra orilla hasta las CASCADAS DE FOYERS. Por fin, después de varios días, conocemos los famosos PASSING PLACES, carreteras de un carril pero con circulación en los dos sentidos que tienen pequeños apartaderos para dejar permitir el paso cuando coinciden dos vehículos. Dejamos el coche en un restaurante que hay al comienzo del sendero, que enseguida se divide en dos: el principal te lleva a la Upper Fall (cascada superior) que se puede contemplar desde dos miradores. Si vuelves sobre tus pasos, sale otro sendero que te lleva a las Lower Falls, y tras unos 15 minutos se ven al fondo unas pozas con dos pequeñas cascadas y un poco más adelante se ve el lago Ness al fondo, precioso para tomar una foto.



Volvemos a FORT AUGUST, paramos el coche en un parking en el centro y nos disponemos a comer algo cuando… momento de crisis: Pablo se da cuenta de que no lleva el móvil encima. Lo buscamos por todas partes, mochilas, chaquetas, pantalones, guantera… no aparece. Esta mañana lo ha conectado para cargarlo y no recuerda haberlo cogido. Se lo ha dejado en el alojamiento. No nos queda más remedio que llamar a la amable señora para preguntarle y volver a por él (lo que supone unas 2.5 horas de viaje adicionales). Nos bajamos del coche para llamar y… veo que el móvil está debajo del asiento del copiloto. ¡Qué susto!
Pasada la crisis y comidos los bocatas, nos acercamos a ver el Caledonian Canal, sistema de compuertas del siglo XIX que permite a los barcos “subir” de un lago a otro. Es muy curioso.

Continuamos nuestro camino hacia la isla de Skye. Un poco antes de coger la A87, nos detenemos en el MIRADOR SOBRE EL LOCH GARRY, desde donde se obtienen unas alucinantes vistas. Continuamos por la A87, carretera con unos de los mejores paisajes del viaje. Atravesamos un lago detrás de otro, recorremos valles y montañas, riachuelos, cascadas, … paramos cada dos por tres a hacer fotos, es inevitable hacerlo. Cuando nos quedan unos minutos para llegar a Dornie, donde tenemos el alojamiento de hoy, al volver de una curva… ¡¡TACHÁN!! El CASTILLO DE EILEAN DONAN aparece por arte de magia y nos deja con la boca abierta. Hasta este momento, no sabía qué me había gustado más de todo lo que habíamos visto… hasta este momento. El castillo es precioso, pero lo es más el lugar donde se encuentra, el lago, las montañas, el puente… Es la guinda del viaje.

HDR del castillo de Eilean Donan

Paramos en el primer apartadero y hacemos unas fotos. Continuamos hasta el parking y nos damos una vuelta. La taquilla ya está cerrada y se puede cruzar el puente y dar una vuelta por la isla del castillo. Hacemos unas fotos y vamos al B&B con la idea de volver cuando atardezca para hacer más fotos.

Nuestro B&B de hoy es el Caberfeidh Guest House, que está justo enfrente del castillo (aunque éste no se ve, porque lo tapa una casa que hay justo delante). Descansamos un rato, nos damos una ducha y volvemos al castillo, con idea de pasar un buen rato disfrutando de él. Nos sentamos en uno de los bancos, montamos el chiringuito para hacerle unas buenas fotos y…. un ejército de mosquitos nos ataca sin previo aviso. Hay millones y se nos pegan a la cara y a la ropa. Nos vamos moviendo para evitarlos, pero es bastante desagradable. Decidimos probar suerte y ver si subiendo por la montaña de enfrente hay alguna buena vista del castillo. Cruzamos hacia Dornie y en el primer desvío que encontramos pone algo así como “Carr Brae Viewpoint”. Ascendemos por la montaña y a sólo unos 500 metros hay un mirador. Lo malo es que no nos damos cuenta y seguimos por la carretera hasta lo alto de la montaña. Cuando vemos que empezamos de nuevo a descender, imaginamos que nos lo hemos debido pasar y volvemos por donde hemos venido. Un cervatillo sale de entre los arbustos y se nos coloca delante del coche, dándonos un susto de muerte. Corre unos segundos delante de nosotros y se vuelve a esconder. A la vuelta paramos en el mirador a observar el castillo desde las alturas.

Son casi las 22.30 y todavía no es de noche. Decidimos cenar algo y volver luego al castillo, para fotografiarlo de noche, pero al final, no volvemos. Estamos muertos y nos quedamos dormidos enseguida.