miércoles, 28 de agosto de 2013

Bizcocho de yogur



Hace tiempo que no cuelgo ninguna receta, así que os voy a dejar una de las mejores. Yo la hago casi todas las semanas, es lo que más me gusta para desayunar, un buen trozo de bizcocho casero con leche y colacao.
Esta receta me la enseñó mi suegra, a ella le sale espectacular. Yo la he ido modificando, le he quitado algún ingrediente, le he añadido otros… Cambia ligeramente el sabor, pero sigue estando igual de rico. Ahí va la receta:
Ingredientes:
·        4 huevos
·        1 yogur natural
·        2 medidas de yogur de azúcar
·        3 medidas de yogur de harina
·        ½ medida de yogur de aceite de girasol
·        1 sobre de levadura Royal
·        Ralladura de naranja
·        Nueces

En principio, hay que batir todo hasta que quede una masa homogénea, pero con el tiempo me he dado cuenta de que, en el siguiente orden, queda un bizcocho más esponjoso:
Primero, batimos los huevos con la batidora de varillas. Añadimos el aceite de girasol y el yogur y seguimos batiendo. Después añadimos el azúcar. A parte, mezclamos la harina con la levadura y lo añadimos a la mezcla anterior. Por último, agregamos la ralladura de naranja y las nueces.
Untamos el molde que vayamos a utilizar con mantequilla o aceite para que después sea más fácil desmoldar. Ponemos la mezcla en el molde y lo metemos al horno precalentado. Yo lo pongo a 175° unos 45 minutos, pero aquí está el quid de la cuestión. Cada horno es un mundo y tienes que cogerle el punto al tuyo. 
Una vez lo saques del horno, lo tienes que dejar enfriar, y ya estaría listo tu bizcocho para el desayuno, invitar a tus amigos al café o picotear en cualquier momento. ¡Es un peligro!

Variantes:
También puedes hacer un riquísimo bizcocho de chocolate simplemente cambiando un yogur de harina por uno de chocolate en polvo o colacao.
Le puedes añadir pepitas de chocolate, pasas, vainilla, semillas de amapola, manzana… Haz probaturas, admite muchos ingredientes y sigue quedando espectacular. ¡Al ataque!

sábado, 24 de agosto de 2013

Heidelberg



Hoy dejamos la Selva Negra para visitar Heidelberg, última parada de nuestro viaje. Salimos sobre las 10 y tardamos casi 2 horas. Alemania entera está en obras y hay tramos de autovía en que hay que ir a 60km/h. Hoy incluso nos ha pillado un tramo en el que hemos estado parados un buen rato. Por fin, llegamos a Heidelberg, pero tenemos otro problema. Nuestro hotel está en la calle principal y es peatonal, por lo que no podemos llegar con el coche y nos cuesta casi una hora dando vueltas y ponernos de bastante mala leche hasta que nos decidimos a aparcarlo en un parking cercano. Cogemos todos nuestros bártulos y recorremos Hauptstrasse atestada de gente y con un sol de justicia, hasta que llegamos a nuestro hotel, The Dubliner, recomendado por algunos foreros. El bar de abajo hace las veces de recepción, hacemos el check-in y nos acompaña una chica hasta nuestra habitación. La entrada y la escalera son bastante tétricas, pero la habitación no está mal: pequeñita pero limpia, y un día se pasa donde sea.

Nos refrescamos y bajamos dispuestos a conocer la ciudad. Vamos al puente más famoso, el puente de Carl Theodor, hacemos unas fotos y comenzamos la subida hacia el castillo. Compramos algo de comer por el camino.
La visita al interior del castillo no está mal, también incluye la entrada al museo de la farmacia, que es curioso, pero desde mi punto de vista no es imprescindible. Lo mejor son las vistas de la ciudad y se disfrutan desde fuera. Después de hacer unas fotos y descansar un poco, emprendemos la bajada. Damos una vuelta por las tiendas de la Hauptstrasse, es la calle principal, muy larga y comercial, sólo hay tiendas y bares.

Cruzamos al otro lado del río para dar un paseo por el Phylosophenweg. Nos asomamos a la calle por la que se llega y vemos que está empinada, por lo que decidimos hacer un break en una heladería y reponer fuerzas. Después de tomarnos sendos helados, nos encontramos con más ganas de emprender el ascenso.
Es un paseo muy bonito, tranquilo y las vistas de la ciudad, el río y el castillo son preciosas. Tomamos un montón de fotos y sudamos la gota gorda, dicho sea de paso. Pensábamos pasar frío en Alemania, nos habíamos traído los forros polares, y lo que estamos pasando es un calor tremendo. También es cierto que todos los días nos ha hecho sol y muy buen tiempo.
El Phylosophenweg termina en el puente. Lo cruzamos y volvemos al hotel a ducharnos y descansar.

El río Neckar a su paso por Heidelberg



Sobre las 9 bajamos a cenar. Nos han recomendado el Alt Heidelberg Brauhaus, en la calle que lleva al puente. En cuanto se queda una mesa libre, nos sentamos. Menos mal que la carta está también en inglés… y aun así nos cuesta decidirnos. Finalmente, pedimos 2 cervezas (en este sitio parece que son de elaboración propia), una ensalada y un codillo, no queremos irnos de Alemania sin probarlo. Todo está muy muy rico, pero los platos son bastantes grandes, sobre todo la ensalada, que yo diría que es para 4 personas por lo menos. El codillo lo sirven con chucrut, mostaza y una bola cocida que no sabemos muy bien que lleva pero que juntándolo todo está de muerte. Ha sido una cena perfecta para nuestra última noche. Bajamos rodando hacia el puente, muy bonito de noche, y volvemos dando un paseo hacia nuestro hotel.


Vacaciones a la vista: preparativos
Llegada a la Selva Negra
Primer contacto:  Schiltach, Alpirsbach, Freudenstad, Mummelsee y Baden-Baden
Gutach, Triberg y Friburgo
Cataratas del Rin, Gutach y Lago Titisee
Estrasburgo
Todtnau, monte Feldberg y Alsacia
Heidelberg
 


Podeis leer nuestro diario completo aquí, el foro de viajeros de donde recopilamos la mayor parte de la información y consejos para nuestros viajes. 

domingo, 11 de agosto de 2013

Vida perra



Era un frío día del mes de diciembre cuando vinieron a por mi. Él me miró con una profunda tristeza, ella parecía que tuviera prisa por despedirse y continuar con lo que estaba haciendo. Salí sin mirar atrás. Me acomodé como pude en el asiento trasero del coche, al lado de la chica. El chico conducía. Arrancó el vehículo e iniciamos la marcha. A los pocos minutos, los cristales estaban empañados. 

Creo que el trayecto fue corto, aunque a mi, que hacía tanto tiempo que no viajaba, me pareció una eternidad. Pero por fin habíamos llegado. Salí del coche y corrí… corrí durante un buen rato por todas partes, aquello era nuevo para mi. Se parecía a donde yo vivía antes, había muchos árboles y plantas, una piscina. Una señora salió a recibirme, me miró un poco asustada. Creo que le di un poco de miedo. Hace ya varios años de aquello, aunque lo recuerdo bien. Tuve una buena sensación aquel día, sabía que allí estaría bien. Y ahora sé que estaba en lo cierto, las primeras impresiones casi siempre son las que valen. 

Oigo unas llaves. Me apresuro hacia la puerta para recibirlos. ¡Claro! Hoy debe ser domingo y vienen a comer. Me acerco a ella, huele a Vera, me encanta. Ella me devuelve el saludo acariciándome la cabeza con dulzura. Me acerco a él, se agacha un poco y me rasca el cuello enérgicamente. Me revuelvo, salto, corro, hago pis, vuelvo a su lado. Seguro que hoy salimos a dar una vuelta. ¡Bien!

Entran en la casa, no me separo de ellos. Saludan a Fina y a Rosa, se besan, charlan animadamente. ¡Uy! Creo que he tirado algo de la mesa con el rabo. Todos se apresuran a recogerlo, se ríen, menos mal.

Salen de nuevo a fuera. ¡Bien! Creo que nos vamos de paseo. Él se acerca a la correa… pero pasa de largo. Saca del cajón unos guantes y empieza a ponérselos. ¡BAÑO OTRA VEZ, NO! No puede ser, si hace nada que me ducharon y me embadurnaron con esa horrible colonia. Después, me paso un mes apestando por ese terrible olor. ¡No, por favor! El agua está muy fría. Ella también se pone los guantes. Estoy perdido. Salgo corriendo discretamente en un último intento de escapar… pero él viene a por mi. Me coge del collar y me lleva a la pista de baloncesto. Sólo me llevan a la pista cuando toca baño. Me resigno, agacho las orejas y me dejo hacer. De vez en cuando, me sacudo, sé que les molesta porque cuando lo hago gritan y me dicen ¡No, Bolo, no! Es mi pequeña venganza.

Llega la hora de comer. Todos se sientan a la mesa. Huele que alimenta, hoy Fina ha hecho pollo asado. Me tumbo a una distancia prudente y espero pacientemente, incluso me quedo un poco dormido. De repente, oigo el sonido de platos y cubiertos. Fina se levanta de la mesa. ¡Es mi turno!

Después de la comida y otra siesta ligera en el porche, veo que ella se va al césped, mi césped. Extiende una toalla y se tumba sobre ella. Voy corriendo. Me acaricia la cabeza, me rasca el lomo, me peina el pelo con sus dedos. ¡Ráscame, ráscame, no pares! Me tumbo a su lado, me rasca la barriga. Ahora viene él. Me hace un poco rabiar, creo que tiene ganas de jugar y yo... encantado. Le gruño, nos revolcamos, él se ríe. ¡Me encantan los domingos!






Al perro más guapo del mundo

jueves, 1 de agosto de 2013

Todtnau, monte Feldberg y Alsacia

Hoy teníamos planeado visitar Alsacia, pero como nos ha gustado tanto la Selva Negra y nos han quedado algunas cosas por ver, decidimos hacer una ruta combinando ambas cosas… aunque nos demos una buena paliza para terminar.
Empezamos el día con un buen desayuno, como todos, aunque hoy hay bastante gente desayunando. Se nota que es fin de semana, porque estos días hemos estado nosotros solos. Cornelia nos invita a todos a una copa de vino rosado porque ha sido abuela. La pobre intenta explicárnoslo con toda su buena intención pero no la entendemos y, al final, una huésped de la mesa de al lado le echa una mano.

Cascada de Todtnau
Empezamos la ruta hacia Todtnau. Tardamos un buen rato, casi todo el camino es autovía, pero los últimos kilómetros son carretera de montaña y además, como es domingo, hay mucho tráfico. Nos cruzamos con una barbaridad de motos, parece que hay bastante afición aquí. Llegamos a un aparcamiento, dejamos el coche y a unos 500 metros por el sendero indicado, encontramos la cascada de Todtnau. Es realmente chula, el agua cae desde muy alto. Hacemos unas cuantas fotos y retomamos la ruta hacia el monte Feldberg. Hemos visto a lo lejos en la montaña lo que parece un Rodelbahn y cuando llegamos al pueblo de Todtnau nos lo encontramos de lleno. Pone que es el más grande de Alemania y no me extraña, porque no tiene nada que ver con el de Gutach. ¡Es enorme! No dudamos ni un segundo y paramos para subir. También allí mismo hacen descenso en bici y todos, bicis, trineos, y personas, subimos en un telesilla a lo alto de la montaña. Cuesta caro y hay cola, pero merece la pena subir tanto por las vistas como por la bajada en el Rodelbahn. Para los niños es imprescindible; para los adultos, también.



Aquí, la prueba del delito:






Vistas de la Selva Negra desde el monte Feldberg
Seguimos unos cuantos kilómetros hasta llegar al monte Feldberg, el más alto de la Selva Negra. Sacamos billete de subida en el funicular, la bajada la haremos andando. Llegamos arriba, hace fresquete pero el sol hace que no sea necesaria la chaqueta. Nos sentamos a contemplar las vistas y a comernos unos bocadillos que nos hemos subido. No creo que nunca me vuelva a comer un bocadillo de mortadela con queso en semejante entorno :) Las vistas te cortan las respiración. Abajo se ve el lago Feldsee, está bastante cerca si se quiere visitar. Damos una vuelta por lo alto del monte y empezamos a bajar. No tardamos más de 20 minutos en llegar al aparcamiento, pero es recomendable llevar buen calzado, el sendero está realmente empinado. Nos alegramos de haber subido en funicular, porque subir por ahí a pie tiene que ser durillo. 


Colmar
Cogemos el coche y empezamos el viaje a Alsacia. Primer destino: Colmar. Tardamos una hora y pico en llegar. Damos un paseo por el centro de la ciudad, tiene mucho encanto. Aunque las tiendas están cerradas porque es domingo, hay bastante gente por las calles. Visitamos la Petit Venise. Nos gusta mucho, pero hace un calor de muerte y estamos reventados, así que nos sentamos en una terraza a tomar algo fresco y descansar los pies.
Decidimos que de todos los pueblos que tenemos marcados, sólo vamos a visitar dos, los que leímos que eran más bonitos: Riquewihr y Ribeauvillé. Lo mismo nos dejamos algún otro sin ver que merezca la pena, pero es imposible alargar más el día.
Paramos en Riquewihr. Hay unas mesas, música y una barbacoa haciendo salchichas sin parar a la entrada del pueblo, parece una feria. Tomamos la calle principal y la verdad es que es un pueblecito de cuento, muy bonito, quizá un pelín artificial, muy orientado al turismo. Todo está lleno de bares, restaurantes, tiendas y, por supuesto, gente por todas partes. Aún así, creo que merece la pena la visita. A mí personalmente me ha gustado mucho. Damos un paseo por todo el pueblo, hacemos un millón de fotos y seguimos hacia Ribeauvillé, que está a unos 5 kilómetros. También es muy bonito, del mismo estilo, quizá un poco más tranquilo.
Son casi las 8 de la tarde y emprendemos nuestro camino de vuelta. Llegamos a Gengenbach sobre las 9, cansadísimos después de un día de mucho coche y pateo. Menos mal que nos espera una cena rica rica. 




Vacaciones a la vista: preparativos
Llegada a la Selva Negra
Primer contacto:  Schiltach, Alpirsbach, Freudenstad, Mummelsee y Baden-Baden
Gutach, Triberg y Friburgo
Cataratas del Rin, Gutach y Lago Titisee
Estrasburgo
Todtnau, monte Feldberg y Alsacia
Heidelberg
  

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La verdad sobre el caso Harry Quebert


—Le voy a dar treinta y un consejos. Se los daré al cabo de estos próximos años. No todos al mismo tiempo.
—¿Y por qué treinta y uno?
—Porque treinta y un años es una edad importante. La decena nos forma como niños. La veintena como adultos. La treintena nos convierte en hombres, o no. Y treinta y un años significa que ha pasado ese umbral. ¿Cómo se imagina usted cuando tenga treinta y un años?
—Como usted.
—Venga, no diga tonterías. Mejor empiece a grabar. Voy a ir por orden decreciente. Consejo número treinta y uno: será un consejo acerca de los libros. Vamos allá, 31: el primer capítulo, Marcus, es esencial. Si a los lectores no les gusta, no leerán el resto del libro. ¿Cómo tiene pensado empezar el suyo?


Este verano, después de empezar 4 ó 5 novelas que no terminaban de engancharme, una tarde entré en la página de fnac a ver si encontraba alguna novedad literaria veraniega que me hiciera tilín. Ví la portada de "La verdad sobre el Caso Harry Quebert" y me llamó la atención. No es nada del otro mundo, un dibujo de un pueblo con su iglesia, gasolinera, ... , pero me gustó. Además, es la primera novela de un suizo de veintitantos años que está triunfando por todo el mundo… Esa misma tarde empecé con ella… y me enganché, como el pececillo que ronda el anzuelo y al final pica. Reconozco que me ha gustado, sobre todo, me ha entretenido. Una novela sobre el asesinato de una joven en un pequeño pueblecito de Estados Unidos, un joven escritor de éxito, su mentor que se ve envuelto en el drama… La he leído en poco menos de una semana. Supongo que no es una gran obra de la literatura, pero a mi me ha gustado. Sigue el estilo de Stieg Larsson, Camilla Lackberg, etc, Son escritores que te mantienen en tensión y te hacen querer seguir leyendo para descubrir qué es lo que pasa a continuación. Sólo hay una cosa que no me ha gustado, pero no puedo decirlo, porque desvelaría parte de los secretos de la obra… así que si alguno se anima a leerlo, podemos comentarlo y ver si coincidimos ;)


Ahora he empezado "Tiempo entre costuras", un libro de gran éxito en los últimos años y que llevaba tiempo queriendo leer. Espero que cumpla las expectativas.